La Oficina Nacional de Prospectiva y Estrategia es una Dirección General de la Presidencia del Gobierno de España que se encarga de analizar los retos y oportunidades que traerán las próximas décadas y de ayudar al país a prepararse para ellos y que por las circunstancias electorales no sabemos si tendrá fecha de caducidad.
No pretenden adivinar el futuro, sino entenderlo mejor, mediante el análisis de la evidencia empírica y el estudio de megatendencias como el cambio climático, la digitalización o el envejecimiento demográfico.
Entre las primeras conclusiones el enemigo a batir es el cortoplacismo porque se ha convertido en uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. En las últimas décadas, la aceleración del cambio tecnológico, la globalización, la digitalización del debate público y diversos cambios institucionales han hecho que los horizontes políticos de los países occidentales se hayan recortado drásticamente. Las instituciones de hoy se enfrentan a cambios con mayor frecuencia que nunca; deben gestionar procesos sociales, económicos y tecnológicos cada vez más rápidos; y lidian con un flujo de noticias frenético en el que “la actualidad” apenas dura unas horas y los acontecimientos rara vez se analizan con la profundidad y el sosiego necesarios.
Si el informe España 2050 ofrecía un marco de largo plazo sobre los grandes desafíos estructurales del país, Vidas Futuras complementa esa mirada acercándose a las trayectorias personales, las relaciones sociales y la vida cotidiana de quienes residirán en España a mediados de siglo, con especial atención a la generación alpha. Tomando como referencia a quienes nacieron en torno a 2018, en 2050 esta cohorte tendrá aproximadamente 32 años y estará entrando en etapas clave del ciclo de vida, como la consolidación laboral o la formación de un hogar. Sus progenitores pertenecen en su mayoría a la generación millennial, nacida durante la década de 1980, mientras que sus abuelas y abuelos forman parte de la generación del baby boom, nacida a comienzos de los años sesenta. Este cruce permite observar cómo las transformaciones sociales, económicas y tecnológicas afectan de manera distinta a cada generación y condicionan sus trayectorias vitales, ofreciendo una base especialmente informativa para adaptar los marcos de estrategia y políticas públicas a los retos y oportunidades de la España de mediados de siglo.
Las proyecciones recogidas en este informe no deben interpretarse como predicciones cerradas ni como trayectorias inevitables, sino como escenarios plausibles construidos a partir de tendencias consolidadas observadas en las últimas décadas, la experiencia comparada internacional y el análisis de expertos científicos especializados. Su participación ha permitido enriquecer y matizar los distintos escenarios planteados. Sin embargo, la evolución de las dinámicas analizadas dependerá en gran medida de decisiones colectivas, innovaciones tecnológicas, cambios culturales y de las políticas públicas que se adopten en los próximos años. Por ello, el objetivo de este ejercicio no es pronosticar la vida cotidiana en 2050, sino identificar transformaciones profundas que permitan anticipar la acción pública desde el presente.
Familias más diversas. En 2050, la familia seguirá siendo un eje vertebrador de la vida social, pero tenderá a adoptar formas de organización y convivencia cada vez más diversas. Si se prolongan las tendencias observadas en las últimas décadas, la edad media a la primera maternidad será de 32 años, pero se afianzará el mayor peso relativo de los nacimientos de mujeres mayores de 40 frente a los de madres menores de 25, mientras que el matrimonio tenderá a ser menos frecuente.

Habitar para convivir. Las viviendas y los barrios se verán atravesados por cambios demográficos y sociales amplios. Los hogares tenderán a ser más pequeños y diversos, con mayor rotación residencial y una mayor frecuencia de personas que viven solas, grupos de jóvenes que comparten vivienda, familias de distintos orígenes y diversas formas de vinculación más allá de las parejas de hecho o casadas. Es posible que las viviendas evolucionen hacia disposiciones más flexibles, capaces de adaptarse a las nuevas formas de convivencia y que combinen espacios compartidos con zonas de mayor autonomía personal. Al mismo tiempo, avanzar en la rehabilitación energética del parque residencial será clave para adaptarse al cambio climático y para evitar nuevas desigualdades en las condiciones de habitabilidad.
Escuelas que se transforman. Con una continuidad del aumento del apoyo público, el sistema educativo podrá seguir avanzando hacia una mayor atención al bienestar del alumnado, el aprendizaje activo y el desarrollo de competencias como la creatividad, la comunicación o el trabajo en equipo.
El acceso a la educación temprana podrá seguir ampliándose hasta acercarse a los niveles de escolarización alcanzados en algunos países europeos con mayor cobertura, como Suecia, Noruega o Dinamarca. En paralelo, la tecnología digital contribuirá a personalizar el aprendizaje y apoyar la labor docente, aunque su uso deberá gestionarse cuidadosamente para evitar riesgos asociados a la hiperconexión y la sobreestimulación.
En continuidad con la tendencia actual, el sistema educativo tendrá que adaptarse a aulas más diversas y a una mayor pluralidad social y cultural. La mejora de las condiciones del profesorado, la inversión en infraestructuras y el acceso equitativo a actividades educativas fuera del horario escolar serán factores clave para seguir reduciendo los riesgos de segregación educativa y favorecer que todos los estudiantes puedan desarrollar su potencial.
Trabajar para vivir. Las trayectorias laborales tenderán a ser más flexibles y menos lineales, difuminándose las fronteras tradicionales entre educación, empleo y jubilación, con una posible reducción de la jornada laboral, mayor presencia del teletrabajo y una creciente necesidad de formación continua para adaptarse a un entorno tecnológico en rápida transformación. Al mismo tiempo, existirán importantes retos para la igualdad en el acceso a estas oportunidades. A lo largo de las dos próximas décadas, el desarrollo gradual de políticas públicas será clave para evitar que las mejoras en empleo y conciliación se repartan de manera desigual entre profesionales de diferentes sectores y niveles de cualificación, y la automatización podría ampliar las diferencias entre trabajadores según su capacidad de adaptación tecnológica. En este contexto, la formación a lo largo de la vida, la mejora de las condiciones laborales y la adaptación de las empresas a equipos cada vez más diversos serán claves para seguir avanzando hacia un mercado laboral más inclusivo.

Ocio en la red y a la carta. En las próximas décadas, el ocio continuará aumentando su importancia en la vida cotidiana. El avance hacia nuevas formas de organización del tiempo de trabajo, avances tecnológicos y una mayor conciliación corresponsable podrían ampliar el tiempo libre disponible. Una parte de ese tiempo se desarrollará previsiblemente en entornos digitales cada vez más personalizados. Los algoritmos, las plataformas de streaming y los sistemas de recomendación seguirán configurando experiencias de ocio cada vez más individualizadas y adaptadas a los hábitos de cada persona.
Esta transformación podría intensificar la exposición a estímulos digitales, difuminar las fronteras entre ocio y productividad y generar nuevas tensiones relacionadas con la atención, el descanso o la salud mental. En este contexto, las experiencias analógicas basadas en la desconexión, la interacción social y la atención sostenida podrían adquirir mayor valor. La acción educativa, comunitaria e institucional será central para evitar que el acceso a este tipo de ocio dependa del código postal o de los recursos sociales, culturales y económicos de cada persona.
Redes afectivas diversas y digitales. Las redes afectivas tenderán a ser más diversas, extensas y geográficamente dispersas. La reducción del tamaño de las familias y su diversificación, la mayor movilidad geográfica y el peso creciente de la comunicación digital permitirán que muchas relaciones se mantengan a distancia y a través de múltiples canales tecnológicos. Vínculos como la amistad, las comunidades de afinidad o las “familias elegidas” podrían ganar importancia en la vida cotidiana.
Esta transformación no implicará necesariamente una pérdida de vínculos, pero sí cambios en la forma de mantenerlos. La hiperconectividad digital podría ir acompañada de mayores riesgos de soledad no deseada y de nuevas desigualdades en la capacidad de cuidar y mantener relaciones cercanas, mientras que la calidad de las redes afectivas dependerá, en buena medida, del tiempo disponible, de los recursos sociales, culturales y económicos, y de la existencia de espacios cotidianos de encuentro en barrios, centros educativos, lugares de trabajo y comunidades locales.

Moverse sin perder el tiempo. El tiempo “útil” tenderá a ganar peso como el criterio central de la movilidad. Cobrarán especial relevancia aquellas formas de desplazamiento que permitan aprovechar los trayectos para trabajar, descansar, hacer ejercicio o socializar, y la salud asociada a cada alternativa influirá cada vez más en las decisiones de transporte de una parte de la población. En este contexto, el coche privado podría perder parte de su centralidad cultural, aunque seguirá siendo necesario en determinados territorios, especialmente en zonas rurales o de baja densidad.
La búsqueda de una movilidad más eficiente, orientada a reducir tiempos muertos, evitar desplazamientos innecesarios y aprovechar mejor cada trayecto, será posible gracias a la expansión del teletrabajo, la movilidad compartida, los sistemas multimodales y las mejoras en el transporte público. Además, en 2050 es probable que coexistan estilos de vida hipermóviles con otros más anclados en el entorno digital, junto con muchas personas que alternen ambas formas de movilidad. La capacidad de acceder a las formas de transporte preferidas dependerá, sin embargo, del territorio y de los recursos disponibles, lo que podría acentuar algunas desigualdades territoriales.
Cambios a la hora de comer. Los cambios en los hábitos alimentarios irán de la mano de la evolución en la organización del tiempo y la innovación tecnológica. Los ritmos laborales y familiares más flexibles apuntan a una menor sincronía de las comidas, mientras que la frontera entre comer dentro o fuera del hogar será cada vez menos nítida. Al mismo tiempo, cabe esperar un mayor interés por ampliar la variedad de la dieta, con una mayor presencia de proteínas vegetales que complementarían el consumo habitual de carne y pescado.
Sin embargo, la adopción de estos cambios dependerá en gran medida del precio de los alimentos, del acceso a productos frescos y de las condiciones socioeconómicas de los hogares. La innovación alimentaria, desde la nutrición personalizada hasta nuevas formas de producción proteica, ampliará las opciones disponibles, mientras que tecnologías domésticas y nuevos servicios digitales facilitarán nuevas formas de organizar las comidas. En este contexto, la calidad de la dieta podría acentuarse como factor de desigualdad social en grupos con poca disponibilidad de tiempo o pocos recursos sociales, culturales y económicos.
Vivir más y vivir mejor. En 2050, la población española vivirá previsiblemente más años, pero la calidad de esa longevidad dependerá de factores que hoy están en plena transformación. Los hábitos de vida están cambiando el mapa de riesgos: el tabaco y el alcohol pierden peso, mientras la obesidad avanza de forma sostenida y se concentra especialmente en los sectores más vulnerables. También ganarán peso en la agenda sanitaria otros desafíos, como la salud mental, especialmente entre las generaciones jóvenes; el aumento de las alergias; la expansión de enfermedades transmitidas por vectores favorecida por el cambio climático; y la resistencia a los antimicrobianos.
En paralelo, los avances médicos y tecnológicos abrirán nuevas posibilidades. La inteligencia artificial (IA), la secuenciación genómica o las terapias celulares podrían transformar el diagnóstico y el tratamiento de muchas enfermedades. El interrogante no será tanto si estos avances llegarán, sino si lo harán en condiciones que permitan que sus beneficios alcancen por igual a toda la población.

Uno de los principales desafíos será garantizar que el acceso a los cuidados no dependa del nivel de renta ni del territorio de residencia. Esto exigirá continuar la senda de ampliación y modernización del sistema público, la mejora de las condiciones laborales del sector y el refuerzo de los servicios de atención domiciliaria. Las nuevas tecnologías podrán apoyar el cuidado y favorecer la autonomía de las personas mayores, pero difícilmente sustituirán la dimensión relacional y humana que seguirá siendo esencial para el bienestar en una sociedad cada vez más longeva.
Al final de este informe se añade un capítulo que conecta la prospectiva con el diseño de estrategias sectoriales que pueden acompañar la respuesta gradual a estas transformaciones de aquí a mediados de siglo. Estas recomendaciones complementan el resto de propuestas ya identificadas en los informes anteriores de España 2050, Resilient EU 2030, HispanIA 2030 y España ante el reto migratorio.
Vídeo presentación Vidas futuras: un día en 2050
