Constantino Kavafis (1863-1933), el gran poeta griego, escribió en 1904 su poema Esperando a los bárbaros. Lo releo ahora y sus versos me resultan casi como un presagio. Son éstos:

¿Qué esperamos agrupados en el foro?

Hoy llegan los bárbaros.

¿Por qué inactivo está el Senado

e inmóviles los senadores no legislan?

Porque hoy llegan los barbaros.

¿Qué leyes votarán los senadores?

Cuando los bárbaros lleguen

harán las leyes.  

Y sigue diciendo que el Emperador también les aguarda para entregarles pergaminos, honores y riquezas. Pero los legisladores se guardarán muy bien de “brindarnos el chorro feliz de su elocuencia”, porque los bárbaros “odian la retórica y los largos discursos”.

Los bárbaros finalmente no llegan. Y el poeta deja caer una enigmática cavilación en el verso final:

“¿Y qué será ahora de nosotros sin bárbaros?

Quizás ellos fueran una solución después de todo” .

EL FASCISMO ETERNO

Recluidos en casa escapamos al calor, a las gentes bulliciosas que pasan por las  calles tras la orgía de alcoholes fiesteros, al sonido y la furia faulknerianos. No hay tele, nos bastan algunas películas que nos obsequia Rtve play en la pantalla del ordenador : Una mujer fantástica, del chileno Sebastián Lelio y que interpreta Daniela Vega (primera mujer transgénero en el mundo en ganar un Oscar como la mejor actriz extranjera) y La ladrona de libros, basada en la novela homónima.

En la primera de estas dos producciones celebradas por la crítica internacional, una mujer transgénero  que mantiene una relación con un próspero hombre maduro, divorciado y con hijos, es acosada por la policía y la familia  de su amante. Sospechan que éste, que ha fallecido debido a un accidente vascular y ha caído por unas escaleras, podría haber sido víctima de una agresión. Ella ha abandonado precipitadamente el hospital donde lo ha llevado inconsciente, y sin mayores indicios la someten a una exhaustiva investigación como presunta culpable. Las reacciones del hijo y de la ex del muerto , que la maltratan de palabra y de hecho, evidencian el fascismo latente que dejó en la sociedad chilena  la dictadura militar de Pinochet. Los herederos del amante de la protagonista, que es cantante en un cabaret y camarera de día,  le preguntan “qué es”  y la insultan llamándola “maricón pintado”. La ex mujer , que considera esa relación de su marido fallecido una aberración vergonzosa, le prohíbe estar presente en sus funerales y la despoja de todos los bienes que compartía con su pareja, incluida su mascota. No pude reconocer ninguno de los escenarios urbanos de ese Santiago de Chile que me vio nacer, para mí era como ver una película ambientada en un país desconocido. Pero sí pude reconocer la crueldad del lenguaje y las actitudes fascistas de esa familia + perteneciente a los mismos estratos sociales que apoyaron hace medio siglo a una de las más crueles dictaduras del continente americano. Recuerdo a mi vecino de entonces (miembro del grupo paramilitar  ultraderechista Patria y Libertad) , que el día del golpe militar de septiembre de 1973, vociferaba por su ventana a quien quisiera escucharle: “¡Comunistas de mierda, ahora van a ver lo que es bueno!”.

En La ladrona de libros, que cuenta con la actuación de dos gigantes de la pantalla cinematográfica, como Emily Watson y Geoffrey Rush, se escenifica la llegada de la barbarie nazi en Alemania. Tras la noche de los cristales rotos, las hordas de Hitler realizan una monumental quema de libros, supuestamente peligrosos y anti alemanes. Los fascistas chilenos también persiguieron toda clase de literatura que no les gustara y encendieron sus hogueras contra el saber y la cultura. Otro recuerdo amargo para mí, que tuve que deshacerme de todos los libros de Neruda autografiados que recibí de mi padre.

No nos equivoquemos: el fascismo nunca desapareció,  es eterno, como bien advertía Umberto Eco. España comienza a apestar a fascismo, ese que muestra sus garras de manera simbólica, en esa  la Lona del odio, verde como la bilis, donde se arroja a una   papelera todo lo que no les cabe a los cavernícolas y émulos de las SS en sus estrechas entendederas.

Y, mientras tanto, la izquierda no tiene quien le escriba ni la represente dignamente ante el desafío que enfrentamos dentro de unos pocos días.

Tal vez, como al parecer pensaba el poeta de Alejandría, los bárbaros podrían ser la solución, para que el pensamiento y la acción de izquierda retome el buen camino de una vez y para siempre.

SÁNCHEZ SUSPENDE EN GRAMÁTICA

Alex Grijelmo, periodista y escritor, académico, autor de numerosas obras sobre estilo y lenguaje periodístico, le saca los colores a Sánchez por su intervención en un programa de ocio televisivo de cuyo nombre no quiero acordarme, porque me hormiguean los ojos,  las manos y las piernas de puro asco.  Faltas de concordancia gramatical, queísmos, entre otros defectos, le saca Grijelmo al presidente en su columna semanal La punta de la lengua en el diario El País. Anota el periodista que entre las numerosas patadas al diccionario y a la sintaxis, Sánchez cambia de conjugación a un verbo: “vertir maldades” por “verter”. Suspenso, pues, para el examinado, aunque le reconoce un cierto “margen de mejora” en el arte de expresarse en público con claridad y elegancia.

En el discurso político la ética y la estética deberían conjugarse muy bien, incluso a la perfección.

En Lanzarote conocí a un joven periodista , Ovidio Cordero, discípulo del eminente filólogo Lázaro Carreter,  que publicó Nuestra Ñ, una obra dedicada a dar lustre y esplendor a nuestra lengua. Yo le sugerí que recomendara a los ejecutivos de RTVE que pusieran a un “corrector lingüístico” en los debates políticos y periodísticos. Una especie de “Hombre de la RAE” de José Mota, que diera con la vara, en vivo y en directo,  a los que atropellan la lengua española. Cambiar la corbata y la americana por una camisa vaquera en el plató no exime  de hablar correctamente, a menos que haya sido por un vano intento de ganarse electores entre el distinguido público “motero”.