El Campello disfrutó este sábado de una jornada cultural marcada por la música en directo, el humor y la participación del público, gracias a dos espectáculos pensados para todos los públicos que llenaron distintos espacios del municipio de ritmo y animación.
La mañana diseñada por la concejalía de Fiestas y Tradiciones que dirige Marisa Navarro comenzó en el Ágora de la Casa de Cultura con “Los autitos chocadores”, el concierto familiar de Billy Mandanga, una propuesta que combina pop-rock, cumbia y sonidos festivos en un formato que va más allá de la actuación musical convencional. Bajo la dirección de Iván Serrano, el grupo logró crear un ambiente dinámico en el que pequeños y mayores no se limitaron a escuchar, pues desde los primeros compases de “Prepárate a flipar” hasta temas como “Yo solo quiero ir al parque”, “La ardilla María Luisa”, “Baila a tu manera” o “Circo”, el público se dejó arrastrar por el ritmo y la energía constante, bailando y disfrutando colectivamente. El Ágora se transformó en un punto de encuentro alegre, en el que la música se vivió intensamente y con una conexión constante entre artistas y asistentes.
Poco después, la acción se trasladó a la Plaza de la Constitución, donde La Zigurat Circus Band presentó “Monsieur Florian (Zapato grande ande o no ande)”, una propuesta de teatro musical y circo de calle protagonizada por un peculiar empresario circense y su inseparable banda. Desde el inicio, el espectáculo rompió la barrera entre artistas y espectadores: la música en directo y el tono festivo invitaron al público a seguir a los intérpretes en movimiento, rodeando la plaza y acompañando a la banda mientras avanzaba, bailando y recorriendo la rotonda al ritmo de los instrumentos. La escena se transformó así en un pasacalles improvisado, donde el humor, la cercanía y la música guiaron a los asistentes en una experiencia viva y cambiante.
Con estas dos propuestas matinales, El Campello volvió a apostar por una programación cultural accesible y participativa, en la que la música y las artes escénicas no solo se escuchan o se observan, sino que se comparten y se viven junto al público.


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