La Casa de Cultura de El Campello se transformó este viernes en un espacio para la memoria y la reflexión. La fotoperiodista Pilar Cortés, invitada por la Asociación Fotográfica local que preside José Alfaya y la concejalía de Cultura que dirige Dorian Gomis, ofreció una charla que fue mucho más que un repaso a su carrera. Fue una reafirmación del fotoperiodismo como testimonio histórico y herramienta de compromiso.

Comenzó su trayectoria en 1995 en el Diario Información, del grupo Prensa Ibérica. Cortés ha vivido desde dentro la transformación de una profesión que ya no se parece casi nada a la que ella conoció. A lo largo de su trayectoria ha participado en exposiciones y proyectos donde el periodismo y el compromiso social van de la mano. Ha colaborado con medios nacionales como La Vanguardia y con publicaciones internacionales, y ha sido reconocida con la beca Sony por su reportaje sobre las chabolas de “Montoto” de la capital alicantina.

“Empecé con una lata de negativos”, recordó ante un auditorio que la escuchaba con atención. Aquellos años obligaban a cargar el chasis en la oscuridad, disparar apenas 24 o 36 fotografías y elegir con cuidado una sola imagen para contar toda una historia.

Hoy, la realidad es muy distinta, con galerías de decenas de fotos, vídeos pensados para el posicionamiento digital y una inmediatez marcada por las redes sociales y los algoritmos. “Antes era más reflexivo. Sabías que solo tenías una imagen para explicarlo todo”, aclaró. Ahora, además de fotógrafa, graba vídeos, se adapta al lenguaje audiovisual y sale a la calle cargando micrófonos junto a los objetivos. “Renovarse o morir”, resumió con firmeza.

Uno de los momentos más interesantes de la charla, que presentó la periodista Sonia Marcos, llegó cuando el público que llenaba la sala (entre el que se encontraba el alcalde Juanjo Berenguer) planteó el tema de la dualidad entre los derechos a la imagen y la información. Pilar afirmó que en circunstancias normales «prima la información”. Sin embargo, “la última palabra siempe la tiene un juez”.

Un momento que emocionó especialmente al público fue cuando la fotógrafa se refirió a la pandemia. Durante semanas, los redactores trabajaban desde casa y los fotógrafos eran de los pocos profesionales del periódico que seguían saliendo a la calle. Cortés documentó balcones, aplausos, calles vacías y pequeñas historias domésticas cuando le tocaba quedarse en casa. Pero el momento más duro fue acceder a una UCI. Tras muchas gestiones, logró entrar equipada con un EPI completo. Fotografió las marcas en la frente de los sanitarios tras horas de trabajo bajo protección máxima, la soledad de las habitaciones, la tensión…

Más allá de las anécdotas y la técnica, el mensaje final fue claro: el archivo es memoria. “Estamos contando la historia de donde vivimos”, afirmó. Una fotografía aparentemente cotidiana puede convertirse en documento histórico con el paso del tiempo.

La charla terminó entre preguntas y aplausos. En tiempos de consumo rápido, titulares fugaces y vídeos de pocos segundos, Pilar Cortés recordó que “la imagen sigue siendo una herramienta poderosa. No solo informa, sino que construye memoria”.