Emmanuel Carrère es etiquetado como escritor del Yo, también de un género que podría llamarse realidad ficción. Ya era una figura importante dentro de las letras francesas, con la adaptación cinematográfica de una de sus obras más celebradas como la biografía novelada del escritor ruso disidente Eduard Limónov.
La zarina
Carrére es hijo de otra gran figura del mundo literario francés, la historiadora Heléne Carrère d´Encausse (1929-2023). Experta en la Rusia imperial soviética y post soviética, secretaria académica perpetua y primera mujer en ese cargo en Francia, recibió entre otros galardones el Premio Princesa de Asturias en Ciencias Sociales en el mismo año de su fallecimiento. Su hijo Emmanuel también lo había recibido dos años antes en la modalidad de Letras. En 2025 publicó Koljós, en España editado por Anagrama en 2026. Con él fue finalista del prestigioso Premio Goncourt y acreedor al Médicis en 2025.
En 2008 había publicado Una novela rusa, que contaba los entresijos escabrosos de un drama familiar, el asesinato de su abuelo Georges a manos de partisanos, en venganza por su pasado colaboracionista. Lo que motivó que las relaciones entre el autor y su famosa madre se deterioraran al punto de establecer entre ellos una gélida barrera de silencio que duró al menos un par de años. Carrère vuelve a la saga familiar georgiana y rusa en Koljós, título que se refiere no a los asentamientos agrícolas soviéticos de la era estalinista sino a un guiño familiar, la cama compuesta de varios colchones donde mamá Heléne y sus tres cachorros, Emmanuel, Martina y Nathalie, dormían en ocasiones. La matrona georgiana, nacida en París de emigrantes huidos de la revolución bolchevique, apellidada Zurabishvili, creció en un entorno familiar y étnico particular. Los rusos y georgianos del exilio formaban un colectivo de tintes aristocráticos, eran en algunos casos príncipes que vivían como mendigos o ejerciendo oficios humildes, como los padres de Heléne y muchos de sus familiares.
La novela con tintes de arboladura genealógica real comienza con la historia de esa saga familiar que se remonta a tiempos remotos donde fueron regicidas o acaudalados burgueses. Pero lo verdaderamente interesante es cuando su desarrollo nos lleva a conocer el revés de la trama urdida por la sagaz muchacha que llegó a ser la gran dama de la Academia francesa y la “zarina” indiscutible de los historiadores de Rusia. Heléne, que se afrancesó al casarse con un oscuro burócrata galo, era una mujer dura, inescrutable, que con el tiempo repudió a su marido y también a su hijo mayor. Sus dotes intelectuales la llevaron al pináculo de la intelectualidad francesa, pero en la intimidad su vida fue un fracaso. Enamorada de un diplomático, debió renunciar a ese posible matrimonio a causa de la actitud de Louis, su marido, que amenazó con suicidarse si ella lo abandonaba.
Muñeca rusa
El libro avanza a través de más de cuatro centenares de páginas exhaustivamente pero a paso ligero, como si fuera un largo reportaje acometido desde varios prismas. Una verdadera muñeca rusa o “matrioshka”, donde tras la primera figura van apareciendo muchas otras. La joven universitaria pobre, amiga de los escritores fascistas, la activa diplomática e investigadora, la madre a veces tierna pero mayormente severa, y finalmente la anciana dama moribunda que en medio de un cáncer especialmente doloroso se las arregla para dictar sus últimas voluntades e ingresar por su propio pie en una clínica de cuidados paliativos.
Sus funerales tuvieron lugar en el patio de honor de los Inválidos, con la presencia del presidente Macron, que en un emotivo discurso le presenta sus respetos.
Si la lectura de las obras de Carrère resulta recomendable, Koljós lo es por las anécdotas que revelan los entresijos de la historia y sus protagonistas, que la madre del autor conoció personalmente, como Yeltsin y Putin. También porque aquello que se ha dado en llamar a veces “el alma eslava” aflora en la narración y nos ayuda a comprender por qué “un ruso cuando sufre es más ruso que nunca”. Y Emmanuel Carrère, genéticamente medio ruso ha heredado ese temperamento atormentado que produjo genios como Dostoievski o Tolstói, que son citados a menudo en este libro. Ellos, que habían experimentado experiencias al límite de los soportable, sabían hablar de sí mismos para hablar de los demás.

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