Muro de piedra, el Pasaje Begoña y los saberes que nacen de las víctimas

En Alicante se recordará una noche en la que la dictadura franquista intentó clausurar mucho más que unos bares: quiso silenciar las libertades que florecían en el Pasaje Begoña, en Torremolinos. La obra teatral Muro de piedra, programada para el 12 de noviembre, recupera aquella historia en un presente marcado por el creciente protagonismo de sectores de derecha y extrema derecha que cuestionan derechos conquistados tras décadas de luchas sociales.

El 24 de junio de 1971, una redada policial irrumpió en ese lugar de encuentro entre artistas, turistas y personas cuyas sexualidades y expresiones de género desafiaban las normas del franquismo. Hubo detenciones, sanciones y cierres de establecimientos. Antes de la represión había música, afectos, conversaciones y deseo. Reducir su historia a la violencia sería concederles a los perseguidores la última palabra: también importa recuperar la convivencia que intentaron destruir.

Escrita por Markel Hernández e interpretada por Gazte Kompainia, de Pabellón 6, Muro de piedra llegará a la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos Guillermo Heras. Su creación escénica colectiva plantea una cuestión fundamental: ¿quién es más dueño de una historia, quien la vive o quien la cuenta?

No he presenciado el montaje y no pretendo juzgar sus resultados escénicos. Me interesa que una generación posterior recupere una experiencia que no vivió y la convierta en una interrogación sobre nuestro presente. El teatro histórico puede ayudarnos a comprender cómo el prejuicio se convierte en norma, la vigilancia se presenta como protección y la exclusión adquiere apariencia de orden.

La recuperación de esta memoria adquiere una dimensión particular cuando sectores de derecha y extrema derecha cuestionan conquistas relacionadas con la igualdad, las orientaciones sexuales, las identidades y expresiones de género y el reconocimiento de diferentes formas de familia. Algunas propuestas buscan modificar las protecciones legales existentes; otras disputan los contenidos educativos, las políticas de memoria y la legitimidad de determinadas expresiones culturales.

No estamos ante una repetición mecánica del franquismo. Las condiciones históricas son diferentes, pero podemos examinar continuidades en los argumentos que presentan determinadas existencias como amenazas para la sociedad. Lo que ayer se perseguía invocando la moral pública hoy puede discutirse mediante otros lenguajes políticos y jurídicos. Tampoco todas las derechas sostienen posiciones idénticas: corresponde examinar sus propuestas y sus consecuencias concretas.

El riesgo no consiste únicamente en perder una ley. También puede manifestarse en la reducción de recursos para garantizar derechos, el debilitamiento de instituciones, la deslegitimación de los conocimientos producidos por las comunidades afectadas o la exclusión de sus memorias de los espacios culturales.

Comprender el franquismo y reconocer los avances obtenidos en España y en otros lugares nos exige mirar tres dimensiones: aquello que fue negado, lo conquistado mediante décadas de luchas y lo que todavía puede perderse. Los derechos no son irreversibles. La memoria histórica nos permite comprender de dónde venimos y advertir sobre los futuros que podríamos estar construyendo o permitiendo.

Esta reflexión dialoga con mi trayectoria en el Movimiento Homosexual colombiano y con mi trabajo de reconstrucción de memoria histórica junto a víctimas de distintas violencias. Ser víctima, pertenecer a los sectores sociales LGBT o reunir ambas experiencias puede generar una sensibilidad particular para escuchar ciertas historias, reconocer silencios y comprender el miedo detrás de algunos recuerdos. Esa cercanía no garantiza rigor ni nos convierte en propietarios de la memoria. Nos compromete a escuchar sin apropiarnos de experiencias ajenas.

En mis investigaciones, los testimonios se convierten en fuentes para construir información que, mediante interpretación y creación, adquiere forma de fotografía, grabado, poesía, guion teatral o performance. En Frío en la sangre, publicado en De exilio, retorno y otros dolores de guerra (2021), abordo la desaparición forzada y el dolor de quien busca a su compañero mientras enfrenta la negación institucional de su vínculo afectivo. El poema expresa: «He desaparecido contigo». La violencia alcanza también a quien permanece esperando.

La performance Dios, ¿por qué no me escuchas?, recuperada en el proyecto ARTivista La levedad que nos hacen ser, y obras como Desechables. Limpieza social, junto con fotografías y poemas sobre las violencias contra personas de los sectores sociales LGBT y contra las mujeres, participan de esa búsqueda. No pretendo equiparar las experiencias colombianas con la represión franquista, sino reconocer cómo diferentes lenguajes artísticos permiten reconstruir memorias históricas.

Aquí aparece una exigencia ética: las víctimas no son depósitos de testimonios para que otras personas produzcan conocimientos. Interpretan sus experiencias, identifican responsabilidades y construyen explicaciones que deben ser reconocidas como saberes. La investigación y la creación artística se enriquecen cuando quienes vivieron los acontecimientos participan también en su interpretación.

Tampoco considero que únicamente quien sufrió una violencia tenga derecho a narrarla. La memoria necesita encuentros entre generaciones y sensibilidades. Importa cómo se construye el relato, qué responsabilidades asumimos y qué lugar reconocemos a sus protagonistas.

Por eso Muro de piedra me interesa más allá de 1971. Representar hoy la redada del Pasaje Begoña no debería conducirnos solamente a celebrar la distancia recorrida. También puede ayudarnos a identificar qué conquistas siguen siendo objeto de disputa y qué responsabilidades tenemos frente a quienes históricamente fueron perseguidos.

No hacemos memoria para quedarnos viviendo en el dolor. La hacemos para reconocer las señales de la violencia antes de que otras personas tengan que convertir su sufrimiento en historia.

La obra teatral Muro de piedra llegará el 12 de noviembre a Las Cigarreras de Alicante, en el marco de la 34.ª Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos Guillermo Heras.