El graznido de una gaviota calcificó el silencio. Cuarenta grados, más demoníacos que centígrados, vaciaron la calle un martes de agosto. El pájaro, sucio y mezquino, me abandonó con mi abanico, que ni era de propaganda ni fabricaba brisa.
—¡Castigado!
Un grito de madre. Gris, con olor a cansancio.
Me olvidé del abanico, de la brisa y de la gaviota. Ahora sólo me preocupaba el chaval al que ayer enderecé el manillar de la bici. Un crío de manual: pecoso, de flequillo indomable y bronceado callejero que se marchó sin darme las gracias.
Y ahora estará preso. Por el tono materno, puede que a perpetuidad. Y yo no podré rescatarle. Tampoco su padre. Ni la Legión, los SWAT o un escuadrón del SAS. Su mamá luce determinación y carácter, brazos de pocero y carnes de largo recorrido bajo sus vestidos de baratillo. Son nuevos aquí, donde las inmobiliarias también cobran por arrendar calles sin sombra, escapistas de bancales ya cosechados.
Veo la bicicleta apoyada en la tapia de ladrillo caravista. Muy vieja, generaciones enteras la han usado antes que ese niño encerrado. Los GEO, la Gendarmería Nacional Francesa, nadie podrá liberarlo. Y ¿por qué? ¿Por no terminarse el escalope? ¿Por no dormir la siesta? ¿Por haber dejado un bañador mojado sobre la cama?
Intento olvidarme de él y enciendo la tele. Los protagonistas del telediario se terminan sus platos y los de otros, duermen más de lo que debieran y jamás olvidan algo seco en camas ajenas. Nadie les grita, no les castigan, mucho menos los encierran. La gente protesta, quisieran que todos los cuerpos de élite cayeran sobre sus cabezas.
O, simplemente, que una madre honrada les hablara alto y claro en una tarde de verano.

Me gusta mucho,muy intenso. A todos nos toca pues sabemos de la contundencia de las madres,ellas nos aman ,no pueden evitarlo ni ellas , y el mundo y el entorno de un niño que crece es volátil ,así que si una madre nos reprende es que un paso en falso hemos debido dar en ese mundo infantil que todo es un juego salvo la severa voz de una madre..cuando dicen :»no me pises lo mojado (topicazo para que nadie se ofenda)» sabes que a partir de ahi bromas pocas, sin saber porque la mirada del sentenciado busca la vena del cuello de la madre y su dimensión creciente…. Adviertes que ya empiezas a pisar suelo que es lava.
El poder de una madre y su alpargata viene a ser el último recurso de la humanidad en este mundo donde la ley del lagarto impera sobre los «impotentes» ojos( algo hemos de poder hacer digo yo) de los espectadores que somos el resto de los ocho mil millones de personas que no somos miembros de las 500 familias más pudientes de este nuestro planeta, y por lo tanto pasamos a ser personal de este resort turístico de susodichas familias.
No dudo de qué si Klara Hitler hubiese vivido ,ya no con la alpargata sino con el calzado que llevase ese día hubiese podido hacer con un solo golpe lo que a los rusos y americanos tanto esfuerzo les costo…por ejemplo el ademán hipotético de la señora Klara de desenfundar su botín de cuero,solo el gesto ,equivale al desembarco de Normandía entero.
Todo es cierto porque un dato triste en esta tragicomedia del mundo Choto de la Bernada es que los soldados moribundos de la primera guerra mundial , a escasos minutos o segundos de espicharla, con la voz agrietada y poco aliento que les quedaban, decían:» mamá,mamá»…