Se armó el belén por una boutade en boca de una mujer con nombre floral y apellido taurino. Mencionó una frase, atribuida a un personaje de una serie americana muy famosa: “mitad tetas, mitad tonta”, dijo, refiriéndose sin nombrarla expresamente a una tertuliana de la televisión pública en horario matinal.

La otra, una señora que lleva maquillaje estilo Cleopatra y escote a juego, reaccionó con presteza, lo mismo que su supuesta pareja, el presentador del programa. Casi no es necesario este fatigoso preámbulo, pues media España parece haber estado en conocimiento del enfrentamiento suscitado por unas palabras, tal vez ingeniosas, pero que no venían mucho a cuento. Pero, en fin, los que hemos tenido que expresar opiniones ya sea en medios escritos o audiovisuales, tenemos el deber de responsabilizarnos por lo que hacemos y decimos. Y, por supuesto, el linchamiento a causa de éstas está incluido en el sueldo o en la gratificación y privilegio al hacerlo ars gratia artis (como es mi caso, aquí) sin otra satisfacción o beneficio que ejercer nuestra libertad de opinión.

Una vez dicho esto, me pregunto si la escandalera era para tanto. Hemos visto y oído en el último tiempo toda clase de injurias y calumnias en el ruedo político, en que se profieren insultos refiriéndose al aspecto físico (“galán de tranvía” dijo Cayetana de Sánchez, y de todo menos guapo le ha dicho Feijóo) o incluso la salud mental (“psicópata” dijo Rufián, que no es psicólogo ni psiquiatra,  a Mazón), la moralidad, las costumbres sexuales del oponente, que una más nos parece ya cosa insignificante, banal, peccata minuta. Decir que alguien es vulgar, hijo de puta, putero o gilipollas es ya habitual. Pero yo diría que cuestionar la valía intelectual de alguien entra en el ejercicio de la crítica  aunque debería explicarse con detalle, no lanzarlo al voleo así, sin más, presumiendo de ingenio.

Al parecer estamos ante una agresión machista, que además viene de una mujer. Porque se mencionan los atributos evidentes y prominentes de una mujer, o porque se la descalifica en su aspecto intelectual. O porque se relacionan ambas cosas, algo que no tiene mucho sentido, no casa en absoluto. Es como si dijéramos, citando al misóginos filósofo alemán “cabellos largos, ideas cortas”. La afectada reaccionó en primera instancia quejándose de lo primero: “he sido humillada por mi aspecto físico”. Pues no, no lo creo. Más bien se han referido a su “línea de pensamiento”, como la llamó su valedor en prime time, en su programa mañanero.

Saben aquí que no soy precisamente de derechas. Pero calificar de esa manera a las soflamas y manipulaciones noticiosas que observo en ese espacio es excesivo. No estamos frente a un programa de debates de alto nivel sino ante un noticiario fuertemente escorado hacia el gobierno socialista, en que son interrogados los panelistas de siempre. Sus apariciones y discursos pueden preverse de antemano.

En cuanto a los atributos femeninos en cuestión creo que son inocentes y de ninguna manera mencionarlos es necesariamente peyorativo, cito a Camilo José Cela, el del Nobel, personaje que no es exactamente de mi agrado ni de mi cuerda, pero al que le concedo erudición en esta materia. De su Enciclopedia del erotismo extraigo lo siguiente:

TETA: (…) proviene del germánico titta , pero Corominas (Diccionario crítico-etimológco, la considera creación expresiva infantil, indicando que existen vocablos semejantes en varias lenguas: Titthós, pezón, en griego, titta, en céltico, zitze, teat, titt, en algunas lenguas germánicas”.

Sigue extendiéndose Cela y cita versos dedicados a estos ”órganos grandulosos y salientes”, desde ya en los principios del idioma en autores como Gonzalo de Berceo. También, en el siglo XX en Rafael Alberti:

“¡Fuentes que sin disimulo

bañan en agua a las ninfas

desde las tetas al culo!”

(Roma, peligro para caminantes, página 45)

Escritores como Juan Marsé no se privan de describir perfiles anatómicos como éste, de su famosa novela Si te dicen que caí :  “ Una muchacha esbelta, frágil, pero de tobillo grueso, de grandes y flojas tetas”.

Y la cosa sigue, con refranes populares que todo el mundo sabe: “Más tiran tetas que carretas”. Así también, “teta de novicia” significa algo muy bueno.

Sé que es políticamente incorrecto hoy referirse a las personas por su aspecto físico. Podría uno incurrir en “gordofobia”, por ejemplo, o “simiofobia” cuando alguien nos recuerda por su aspecto o modo de ser a un primate (no sé si existe eso). Lo cierto es que en este país tan rico en insultos nos la estamos cogiendo con papel de fumar, con perdón. Por supuesto, ya no se usa eso y hasta está prohibido fumar en todas partes, excepto en la intimidad, lo mismo pasa con los insultos y tacos, no está permitido en casa ni en la barra del bar. Queda eso sí, abierto un grandísimo espacio en las redes sociales, la televisión y los foros políticos de la democracia, que nos permite expresarnos…pero con consecuencias si el  presentador, tertuliano,  político,  es incorrecto o incorrectamente político.