La Fundación Mediterráneo ha dado a conocer este martes el fallo de la 64.ª edición del Premio de Cuentos Gabriel Miró, que ha distinguido como ganador a José Agustín Blanco Redondo, de Valdepeñas (Ciudad Real), por su relato El velo de un presagio. El jurado ha concedido asimismo el accésit a Jesús Tornés Mota, de La Font d’En Carròs (València), por Línea de fuga.

 

El fallo se ha hecho público en el Aula de Cultura de Alicante de la Fundación Mediterráneo, en un acto en el que han participado el presidente de la Fundación, Luis Boyer, y los miembros del jurado de esta edición un Jurado presidido por Antonio Redero Bellido y formado por los vocales Francisco Javier Díez de Revenga Torres, Mariano Sánchez Soler, José Ferrándiz Lozano y Cristina Llorens Estarelles, y Alejandro Cano como secretario.

 

El Premio de Cuentos Gabriel Miró ha alcanzado este año una participación histórica, con 3.378 relatos presentados, 1.088 más que en la edición anterior. Las obras corresponden a 2.516 autores procedentes de 46 países, unos datos que consolidan la dimensión internacional de uno de los certámenes literarios de mayor trayectoria convocados por la Fundación Mediterráneo.

 

La participación internacional ha vuelto a tener un peso especialmente relevante. Entre los países con mayor número de originales figuran Argentina, con 701; Colombia, con 221; y México, con 180, además de una importante presencia de autores procedentes de Chile, Uruguay, Perú, Cuba, Ecuador y Venezuela.

 

El presidente de la Fundación Mediterráneo, Luis Boyer, ha destacado el extraordinario crecimiento experimentado por el certamen, que ha recibido más de un millar de cuentos adicionales respecto al año anterior. Para Boyer, estas cifras convierten actualmente al Gabriel Miró en «un certamen verdaderamente internacional y un punto de encuentro para escritores en lengua española de muy distintas generaciones y procedencias».

 

Además, Boyer ha enmarcado el mantenimiento y la potenciación del Premio de Cuentos Gabriel Miró dentro de la política desarrollada por la Fundación Mediterráneo para mantener vivos sus legados y vincularlos con la actividad cultural contemporánea. En este sentido, ha señalado que la labor de la institución no se limita a conservar y poner a disposición de los investigadores un patrimonio documental de extraordinaria importancia, sino que busca generar nuevas actividades, investigaciones y proyectos culturales a partir de esos fondos.

 

“No entendemos los legados exclusivamente como un patrimonio que tenemos que conservar”, ha explicado el presidente de la Fundación, quien ha incidido en la voluntad de “vincularlos y potenciarlos a través de la actividad cultural actual”.

 

El presidente de la Fundación ha subrayado que este conjunto de legados constituye uno de los principales elementos diferenciales de la institución, que custodia fondos relacionados con algunas de las figuras fundamentales de la cultura alicantina y murciana contemporánea. El Premio de Cuentos Gabriel Miró constituye, en este contexto, una de las iniciativas de mayor trayectoria para mantener vigente la figura del escritor alicantino y, al mismo tiempo, fomentar la creación literaria contemporánea.

 

“El velo de un presagio”, una historia rural y social

El jurado ha destacado de El velo de un presagio, de José Agustín Blanco Redondo, su calidad literaria, su construcción narrativa y la profundidad de su propuesta. El relato plantea una historia de carácter rural y social construida alrededor de dos muertes, un camino misterioso, una caída en un barranco y la presencia del automóvil de un hombre adinerado.

 

A partir de estos elementos, el autor construye un relato basado en el contraste entre dos mundos surgidos de un mismo ambiente rural: el del propietario y el del trabajador y el labriego.

 

Díez de Revenga ha señalado que el cuento se inscribe plenamente en una de las tradiciones más desarrolladas y valiosas del relato español de finales del siglo XIX y comienzos del XX: aquella que sitúa el conflicto narrativo en el medio rural y de la que Gabriel Miró fue uno de sus grandes maestros.

 

Díez de Revenga ha destacado asimismo que los materiales narrativos están “muy bien manejados” y “muy bien estructurados”, y ha destacado que el relato tiene un mensaje “profundo, intenso y comprometido”. A juicio del jurado, estos elementos permiten relacionar El velo de un presagio con la tradición de la narrativa social y rural y establecen una vinculación especialmente significativa con el escritor que da nombre al premio, Gabriel Miró.

“Línea de fuga”, accésit

El accésit de esta 64.ª edición ha recaído en Jesús Tornés Mota, de La Font d’En Carròs (València), por Línea de fuga, un relato que el jurado ha definido como directo y fresco, capaz de desarrollar una historia de gran densidad narrativa en apenas cuatro páginas, la mitad de la extensión máxima permitida por las bases del certamen.

 

Su protagonista, ha detallado José Ferrándiz, es un investigador que trabaja en un atlas de la Confederación Hidrográfica del Segura y descubre una anomalía: una corriente de agua que se interrumpe y desaparece del mapa sin que conste explicación alguna. El hallazgo se convierte progresivamente en una obsesión que lleva al protagonista a iniciar una investigación a través de distintas fuentes, entre ellas un diario, testimonios orales y fotografías, hasta descubrir la realidad que se encuentra detrás de esa ausencia.

 

El jurado ha valorado especialmente la capacidad del autor para convertir esa búsqueda en una metáfora sobre la necesidad de investigar aquello que puede quedar interesadamente oculto en la historia y sobre el valor de la investigación rigurosa para recuperar esa realidad.

 

Más de seis décadas

El Premio de Cuentos Gabriel Miró fue instituido en 1955 y constituye uno de los certámenes literarios históricos vinculados a la Fundación Mediterráneo. A lo largo de sus más de seis décadas de trayectoria, su palmarés ha reunido a autores que posteriormente ocuparían un lugar destacado en la literatura española contemporánea.

 

Entre ellos figuran Francisco Umbral, ganador en 1964, y Félix Grande, premiado en 1966, además de escritores como Julián Ríos o Blanca Andreu, nombres que dan cuenta de la trayectoria y el prestigio alcanzados por el certamen desde sus primeras ediciones.